jueves, 10 de mayo de 2018

Laban i Labolina

Los fantasmas forman parte por derecho propio de aquella amalgama de criaturas, formas, sombras y entidades que por el solo hecho de pensar en ellas son capaces de alterar el sueño de los más pequeños, hacer que éstos sean incapaces de adentrarse en un largo pasillo oscuro o que se nieguen a ir sólos al lavabo. Hay que reconocerlo, no es muy tranquilizador pensar en que una sábana pueda desplazarse sin que haya ningún cuerpo sólido debajo y que parezca acechar a través de dos orificios rajados en su tela. Empero, el matrimonio sueco formado por por los suecos Inger y Lasse Sandberg se propuso combatir ese miedo atávico hacia los trapos semovientes que, en particular, sufría su hijo escribiendo en los sesenta unos simpáticos cuentos que se ganaron una amplia popularidad en los países nórdicos. El protagonista de los mismos era, ni más ni menos, que un pequeño fantasma llamado Laban que, por extraño que pareciera, también temía a la oscuridad, pero era capaz a través de su propia astucia de vencer sus propios miedos e inseguridades a lo largo de una serie de aventuras con las que los más pequeños se podrían sentir perfectamente identificados.
El veterano artista sueco y fundador de Pennfilm Studio, Per Åhlin, decidió llevar a la animación las vivencias del joven fantasma Laban y su familia a través de varias historias cortas, algunas de las cuales ya se pudieron ver por estos lares bajo el título "Laban el Petit Fantasma: Quina Por!" hace unos tres años, y ahora la misma distribuidora de cine infantil - Pack Màgic - permitirá a los más pequeños superar miedos y aprender con nuevas aventuras del pequeño Laban y su hermana Labolina reunidas bajo el título "Laban i Labolina".


Concretamente son ocho las aventuras que, en una proyección de apenas una hora de duración, permitirán a los más pequeños a partir de dos años disfrutar nuevamente en compañía de este fantasma que no da miedo (a menos que lo pretenda) y que se divierte jugando como cualquier niña o niño humanos lo harían. De hecho, Laban y su hermana Labolina se encuentran en general envueltos en situaciones que cualquiera de los jóvenes espectadores podría experimentar también, con lo que les resultará muy fácil sentirse identificados o simpatizar con los protagonistas de las historias y aprender las lecciones de vida que de ellas se desprenden, dándose cuenta de que con un poco de astucia y de buen entendimiento, la mayoría de complicaciones pueden reconducirse satisfactoriamente. Así, veremos a Laban y Labolina en el Castillo del Sol Diurno, donde jugando entre ellos o con el joven Princep Malifeta se encuentran enfrentados a complicaciones de lo más mundano de las que siempre se puede sacar algo que aprender: sea asumiendo el fastidio de que alguien (una nube en este caso) pretenda aguarnos la fiesta, y sabiendo ver que lo mejor es convertirle en un aliado; aceptando que el mejor lugar para cualquier animal es en libertad con los suyos; constatando que desobedecer a los mayores puede traer complicaciones sobre todo si se juega con pinturas mágicas, pero que si se les ha escuchado bien uno puede llegar a solucionar los desaguisados que pueda provocar; o también que hay que ser indulgente con las pequeñas molestias de los hermanos o hermanas, sabiendo que en la mayoría de ocasiones estaremos mejor con ellos que a disgusto, o que no hay que ofender a la ligera a quienes nos acompañan y hay que saber disculparse. Moralejas todas ellas que se transmiten de una forma en absoluto dogmática sino a través de las simples vivencias de lo más doméstico experimentadas por los personajes, a través de juegos y actividades que incluyen hacer un picnic, dibujar, dormir en casa de un amigo, hacer sombras chinescas, cocinar pasteles o ayudar a los padres en su trabajo.
Gráficamente es una película muy sencilla, tan centrada en la actuación y las vivencias de los personajes que los elementos de los fondos son mínimos y los estrictamente necesarios para desarrollar la aventura que se está contando, al objeto de no distraer la atención del joven espectador. Éste podrá además reconocer un estilo muy próximo al de sus propias obras de arte en unos fondos compuestos por colores vivos y manchas de pintura muy propios de los dibujos infantiles, como también lo son las formas de los árboles o del castillo y el propio diseño de los personajes. Una simplicidad de líneas y colores que en todo caso no resta en absoluto efectividad a la expresividad de la completa familia de fantasmas y sus compañeros de aventuras.




Lo mejor: los padres sabrán reconocer en las historias situaciones en las que se pueden encontrar sus hijas e hijos y encontrar útiles puntos de vista que podrán compartir con ellos a partir de situaciones divertidas.
En contra: su alejamiento de las visualmente atractivas producciones en 3D puede restarle interés por parte de algunos niños y niñas.

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